
Un nuevo reporte de Windows Central revela que Microsoft habría utilizado las ganancias generadas por Activision Blizzard, especialmente las provenientes de Call of Duty, para compensar la disminución de ingresos de la división Xbox. Sin embargo, la estrategia habría comenzado a mostrar problemas tras el desempeño por debajo de lo esperado de Call of Duty: Black Ops 7.
Según el periodista Jez Corden, la incorporación de Call of Duty a Xbox Game Pass terminó afectando las ventas tradicionales del juego. Muchos jugadores optaron por acceder al título mediante la suscripción en lugar de comprarlo a precio completo, reduciendo así una importante fuente de ingresos para la compañía.
El informe señala que este modelo terminó perjudicando tanto a las ventas del juego como a Game Pass. La disminución de ingresos por la venta directa de Call of Duty habría dificultado que el servicio de suscripción pudiera seguir financiando otras áreas del negocio, provocando que la estrategia comenzara a perder sostenibilidad.
A esta situación se suma otro problema para Xbox: la escasez y el elevado costo de los componentes de hardware. La compañía enfrenta dificultades para fabricar suficientes consolas y atraer nuevos suscriptores a Game Pass, una de las principales fuentes de ingresos utilizadas para impulsar el crecimiento de la marca.
Ante este panorama, Microsoft ya estaría realizando ajustes en su estrategia. El reporte indica que títulos como Gears of War: E-Day volverán a apostar por la exclusividad en consolas Xbox, mientras que internamente también se analizan cambios en Game Pass para mejorar su rentabilidad.
Entre las propuestas que se estudian destaca la posibilidad de retirar algunos de los lanzamientos más importantes del servicio para incentivar sus ventas individuales, así como la creación de un nuevo nivel de suscripción premium que permita acceder a títulos como Call of Duty o incluso incluir beneficios adicionales relacionados con otras franquicias de la compañía.





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